« EL PODER DE LA ARQUITECTURA: Entrevista a Deyan Sudjic - ANATXU ZABALBEASCOA | >> Portada << | Azares y desapariciones de Ariel Orozco - Héctor Antón »

Agosto 04, 2007

¿Idilio o escepticismo compulsivo? - Andrés Isaac Santana

Sobre IDILIO: Sueño y Falacia. Un proyecto de Oliver Zybok Comisarios: Oliver Zybok, Javier Panera y Martje Schulz

Proyecto coproducido por el DA2 de Salamanca y el Festival Internacional de las Artes de Castilla y León con la colaboración de Sammlung Falckenberg, Hamburgo. DA2. Domus Artium (5 de Jun al 8 de Sept de 2007). Patio de Escuelas. Universidad de Salamanca. (5 de Jun al 22 de Jul de 2007) .


Creo que pocas instituciones españolas gozan del privilegio y la virtud (también de la angustia desesperada y delirante), de convertirse en relatoras eficaces de los verdaderos
Linarejosmorenosíntomas y conflictos culturales contemporáneos, cuyas traducciones e insinuaciones más conflictivas se localizan en el discurso estético actual, atravesado -como lo está- por infinitas paradojas. Tan solo un repaso por los proyectos curatoriales de los tres últimos años desarrollados en el DA2 de Salamanca, advierte de una solvencia intelectual y de un grado de agudeza y compromiso con el debate teórico sobre el arte, la cultura y sus procesos que, sin duda alguna, hacen de este centro uno de los puntos de referencia obligado en el panorama institucional del arte contemporáneo, al menos en España. Ello, en gran medida, por la pertinencia de sus indagaciones sobre el estatus travestido y paradojal de la estética reciente, la pericia y destreza analítica de sus estrategias expositivas y los modos con los que establece un diálogo de interrogación constante y frontal con aquellos signos que describen y cualifican el escenario artístico, simbólico y discursivo de las dos últimas décadas, saturado de falsas poses neo-barrocas y de falacias representativas del peor gusto.

Con este nuevo proyecto, sobradamente polémico en sí mismo, bajo el sugestivo y sintomático título Idilio: sueño y falacia, sus comisarios suman otro acierto en la difícil labor de escudriñar, hurgar, revelar y hasta cierto punto sistematizar, algunas de las preocupaciones que recaban el interés del relato estético más reciente y de su explícita vocación revisionista respecto a los modelos hegemónicos de la cultura contemporánea, frente a la que lo idílico, más que una consagración sosa de un ideal de realización y de falsa plenitud, es intervenido para subrayar el escepticismo compulsivo y el nomadismo utópico e impenitente del modelo cultural en el que vivimos. Ese donde la Utopía es ya solo un impulso estrictamente personal que se vive en la más dura soledad. Atrás quedaron las revoluciones y con ellas la posibilidad del consenso colectivo y la imagen del paraíso y la felicidad plena. El sujeto moderno ha muerto y en su sepultura reposan los ideales de emancipación y restitución de la igualdad, la idea ingenua y peregrina de rescatar el “paraíso perdido” queda, acaso, como una anécdota romántica del pasado. Distopía y heterotopía vienen a ser entonces las directrices que marcan, en gran medida, los discursos estéticos y sus derivaciones sociológicas. El artista no es ya, o no debiera serlo, un demiurgo o chamán ecuménico, sino un intérprete avisado frente a un presente ideológico “desfavorable” que aún deja espacios residuales para el romanticismo vulgar y la idiotez pretextada como recurso discursivo.

En este sentido, la muestra lejos está de ser leída como un ensayo de recuperación de una postura idílica ante la vida o como una equívoca (re)interpretación del arte como espacio idílico y de redención ante el caos de lo anárquico y lo demencial. Por el contrario, es una auténtica bofetada a esa falacia discursiva, absolutamente engañosa, de los tardíos impulsos de modernidad trasnochada que reclaman al arte la aportación de un modelo terapéutico para redimir el alma y las conciencias. Las obras aquí expuestas (en ambas sedes) de más de cincuenta artistas de los cinco continentes, en su mayoría reflexionan sobre la dimensión utópica y el sentido rabiosamente paradójico de pretender un modelo o destino idílico para la práctica del arte, así como para el control de sus efectos socioculturales. De ahí, si se quiere, ese ánimo paródico sobrado de ironía, que atraviesa muchas de las propuestas sutilmente orquestas por los comisarios. De sala en sala, y siguiendo una especie de dramaturgia virtual, las obras consiguen un alto poder de sugestión que, con mayor o menor fortuna, alcanzan a revelar la coherencia de una exposición correctísima en la que, por otra parte, sobraban algunos paisajes, aun cuando sea éste uno de los escenarios más recurrentes en la consumación de lo idílico, en tanto tema y figura poética. Más que una representación o revisión del idilio y su posibilidad de permanencia en las prácticas estéticas actuales como gesto nostálgico y altruista, lo que esta muestra deja al descubierto, y por tanto se hace cómplice de ello, es de la cualidad simuladora y el potencial disidente del arte para estructurar, desde la oblicuidad, un ensayo desolador sobre la muerte de los grandes relatos y la crisis de esos intentos demenciales (casi abyectos) de procurar paraísos artificiales. La desmesura de los parques temáticos, los chaléts como escenarios esteriotipados de la felicidad y el bienestar, la cultura del Karaoke, el hallazgo del falso paisaje virgen y la mentira sobre la idea misma de que el arte ha de fungir como territorio idílico de la subjetividad, están entre los motivos de reflexión más recurrentes de las piezas aquí reunidas.

Las obras de Franz Ackermann, Pablo Alonso, Francis Alÿs, Olaf Breuning, Catarina Campino, Cecelia Condit, Valerie Favre, Amparo Garrido, Thomas Grünfeld, Mauricio Guillén, Tom Hunter, Christian Jankowski, Kaoru Katayama, Mike Kelley/ Paul Mc Carthy, Peter Land, Won Ju Lim, Angel Marcos, Jonathan Monk, Linarejos Moreno, Sarah Morris, Jorge Pineda, Michael Samuels, Tim White, Francesco Vezzoli, están entre las mejores piezas de esta muestra, aunque entre todas ellas destaca la soberbia propuesta de Javier Núñez Gasco, quien será sin dudas una referencia de culto dentro de muy poco. De una forma u otra esta selcción advierte de esa rara continuidad paradojal del idilio en la multiplicidad social y estética del presente.