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Linarejos Moreno, por partida doble [Miguel Cereceda, ABC Cultural. 23 de Octubre del 2019]

La memoria es el hilo conductor de los dos proyectos de Linarejos Moreno en CentroCentro y la galería Pilar Serra.


Posiblemente en arte, lo más difícil sea ser capaz de formular un vocabulario propio. Si admiramos a Picasso, a Malévich o a Kandinsky, mientras que desdeñamos la obra meritoria y virtuosa de otros muchos, se debe a que esos «otros muchos» no han sido capaces de desarrollar un lenguaje propio.


Desde muy joven, Linarejos Moreno (Madrid, 1974) estuvo fascinada con una serie de temas y problemas relacionados con la memoria y con la arqueología industrial, que no solo fueron constituyendo su universo de preocupaciones, sino que configuraron igualmente sus recursos expresivos. De modo que los temas de los que se ocupaba terminaron generando su lenguaje, con el que identificamos su trabajo.


Vocabulario propio


Desde el principio estaban presentes los lamentos femeninos y las plañideras. Desde el inicio también aparecieron la maquinaria industrial abandonada, así como los hilos que surgían de esas máquinas, atando su memoria. Asimismo, una cierta obsesión por la fotografía y por la intención deliberada de tratar a la imagen como objeto. Si finalmente su labor se identifica con impresiones fotográficas sobre grandes arpilleras, revestidas con una gruesa capa de pintura blanca, y de las que habitualmente emergen hilos que expanden la imagen más allá de las dos dimensiones, es sin duda porque ese es el vocabulario propio que la artista ha ido forjando con los años.


En su doble exposición en Madrid, Moreno aborda dos problemáticas completamente diferentes. En la que se presenta en el Palacio de Cibeles, antigua casa de correos, la artista ha desarrollado un ambicioso proyecto de participación ciudadana, relacionado precisamente con la historia de las telecomunicaciones. Centrándose en la historia del telégrafo en España, ha pedido a los colaboradores que trajesen consigo antiguos y olvidados telegramas que tuviesen en sus casas.


Explorando el lenguaje inventado por Morse para hacer posible esta transmisión eléctrica, a base de puntos y rayas, la artista va transcribiendo sobre un enorme lienzo los mensajes recibidos, de nuevo en lenguaje morse. Se trata por tanto de una obra colectiva, en la que han participado unas seis mil personas en la que los mayores disfrutan con sus recuerdos de los viejos telegramas y los más jóvenes se sorprenden con la extraña relación que estos mantenían, entre la carta y la comunicación radioeléctrica, precursora, en muchos sentidos de sus modernos whats-apps.


En la cita de la galería Pilar Serra, por su parte, la autora se ha centrado, en esta ocasión, en los viejos libros de contabilidad que se encontraban en antiguas fábricas cerradas y en sus olvidados almacenes. Ellos guardaban la memoria económica y el día a día de la actividad fabril. La «partida doble» a la que la artista se refiere con su título es la del haber y el debe de la contabilidad.


De nuevo, de un modo evocador y sugerente, Linarejos Moreno traslada esta memoria olvidada de los números a dos enormes lienzos, sobre los que inscribe las planillas de la contabilidad de nuestra propia memoria y nuestra propia historia. Y de nuevo se sirve de objetos industriales abandonados para construir con ellos imágenes-objeto, más cercanas a la pintura que a la fotografía, con las que evoca las relaciones entre el arte y la ciencia.


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